Era guapa, aunque era bizca y aunque fuese bizca muchas veces me perdí en su mirada. Cuando llegaba del colegio, la veía algunas tardes al subir la escalera, otras tantas la intuí en el rellano de arriba.
Su tristeza, su miedo, su suavidad atormentada, su temblor producido por el pánico resbalaban por las paredes del edificio, se impregnaban en el aire.
Yo con 12 años era bastante ilusa para la edad que tenía, demasiado inocente quizá. Y por aquel tiempo, aprendí que no todas las viejas son “tiernas abuelitas” y que con las fregonas (con el palo, vaya) no sólo se friega.
Dedicado a MERY la siamesa del piso de arriba de mis pensamientos.
Cuando leí el post de Clito, pensé en Mery y en tantos seres que sufren en manos de bestias.

Conocí una vez a un perro tuerto... nunca supe por qué era así, pero me lo imaginaba al ver las caras que le hacían en la calle cuando lo veían aproximarse a sus portones.
Lo más curioso de todo es que la única persona que lo acogía y le daba de comer era el vecino de a lado, que tenía una amplia reputación de maleante y drogadicto... Los prejuicios se extienden por todo el reino animal.
Un hurra para Mery!!
ok muy buen post
Sin duda alguna, Mery también te adivinaba ahí, un poco más abajo de su rellano y un guiño de su precioso ojo bizco te sonreía aunque no lo notaras.
Te enlazo.
Un saludo:)
Ja,ja,ja menudos ojines ha puesto el pobre! Qué pena!