Era guapa, aunque era bizca y aunque fuese bizca muchas veces me perdí en su mirada. Cuando llegaba del colegio, la veía algunas tardes al subir la escalera, otras tantas la intuí en el rellano de arriba.
Su tristeza, su miedo, su suavidad atormentada, su temblor producido por el pánico resbalaban por las paredes del edificio, se impregnaban en el aire.
Yo con 12 años era bastante ilusa para la edad que tenía, demasiado inocente quizá. Y por aquel tiempo, aprendí que no todas las viejas son “tiernas abuelitas” y que con las fregonas (con el palo, vaya) no sólo se friega.

Dedicado a MERY la siamesa del piso de arriba de mis pensamientos.

Cuando leí el post de Clito, pensé en Mery y en tantos seres que sufren en manos de bestias.